NUEVOS ENFOQUES CONDUCTUALES

La terapia de la aceptación y el compromiso (ACT)

 

Existe actualmente un auge de una nueva generación de terapias psicológicas entre las que se encuentran la Terapia Dialéctico Conductual, la Psicoterapia Analítico Funcional, la Terapia Conductual Integrada de Pareja, la Terapia de Activación Conductual  y la que se expone a continuación, la Terapia de la Aceptación y el Compromiso, la cual se ha mostrado como la más completa dentro de este grupo.

 

 

Carlos Fco. Salgado Pascual

Psicólogo del Centro Hospitalario Benito Menni de Valladolid

 

La Terapia de la Aceptación y el Compromiso se conoce como “ACT” en referencia a su correspondencia en Inglés (Acceptance and Commitment Therapy) manteniéndose en Castellano, por referirse a actuar en el compromiso con la vida y en dirección a los valores de cada persona. (Hayes, Stroshal y Wilson, 1999).

La ACT parte de dos premisas, una es la consideración del sufrimiento como condición humana y la segunda se refiere a que el hecho de ser seres verbales nos genera innumerables ventajas respecto a otros seres vivos, pero también tiene sus inconvenientes al posibilitar traer al presente eventos del pasado como si estuviesen ocurriendo en esos momentos o anticipar desgracias futuras como si realmente fuesen a ocurrir.

Actualmente es común encontrar múltiples consejos en libros de autoayuda u otros medios de comunicación, que nos indican cómo conseguir la felicidad eliminando la ansiedad o cómo avanzar en la vida superando la depresión. Todo ello genera un patrón de creencias y funcionamiento dirigidos a disminuir todo aquello valorado negativamente con el objetivo de vivir o ser feliz.

Esta base errónea es la que se trata de modificar desde la ACT, puesto que no hay que esperar a sentirse “bien” para hacer algo placentero para uno mismo, sino que cualquier momento es adecuado para hacerlo y ello contribuirá a que se encuentre mejor.

La meta no sería sentirse bien, sino vivir bien y sentirse como sea bajo cualquier condición.

Características

  • La ACT considera los pensamientos, sentimientos y valoraciones como eventos mentales privados.

  • En el área del control de dichos eventos privados se produce un efecto paradójico, ocurre que “si deliberadamente no lo quieres, lo tienes” (Wilson y Luciano, 2002). “Podemos experimentar cómo, el hecho de no querer pensar en algo, hace que pensemos más en ello”.

  • Diferencia una parte de nosotros que es invariante y  otra parte  que sí presenta modificaciones y que está formada por los pensamientos, sentimientos y cualquier otro evento mental.

  • Trabaja la fusión del paciente con sus eventos privados. Fusión es la ausencia de conciencia de qué pensamientos o sentimientos, son sólo eventos privados y no una realidad incuestionable.

  • Es una terapia dirigida a valores, considerando éstos como las direcciones que se toman en las diferentes áreas de la vida y que definen lo importante  para cada uno.

El sufrimiento y el dolor es algo que forma parte de la vida de una persona y que por lo tanto en muchas ocasiones NO es evitable, ni está bajo control directo. En dichas situaciones lo que sí está bajo el control de las personas es comportarse en función de lo que para cada uno es importante a pesar del dolor y el sufrimiento.

Por ello la ACT no se centra en el cambio de los pensamientos y emociones, ni de los síntomas presentados, sino en su aceptación y en la orientación de la persona hacia objetivos valiosos a pesar de tales experiencias.

La ACT no se centra en el cambio de los pensamientos y emociones, ni de los síntomas presentados, sino en su aceptación

 

Evitación experiencial

En la ACT cobra relevancia el concepto de Evitación Experiencial, refiriéndose a un fenómeno que ocurre cuando una persona no está dispuesta a ponerse en contacto con experiencias privadas e intenta cambiar la forma o la frecuencia de esos eventos y el contexto que los ocasiona. (Hayes, Wilson, Gifford, Follete y Stroshal, 1996).

Desde esta perspectiva se define el Trastorno de Evitación Experiencial como un patrón inflexible que consiste en que para poder vivir se actúa bajo la necesidad de controlar y/o evitar la presencia de pensamientos, recuerdos, sensaciones y otros eventos privados valorados como displacenteros.

Esta necesidad permanente de eludir el malestar y la de tener placer inmediato para vivir obligan a la persona a actuar de un modo que, paradójicamente, no la deja vivir.  (Wilson y Luciano, 2002).

 

Aplicación

En la aplicación de la ACT tiene importancia el trabajo con metáforas como elementos favorecedores de la consecución de cada uno de los objetivos y para la toma de conciencia de la falta de resultados en la dirección adecuada de las acciones que hasta ese momento ha puesto en marcha el paciente. Se  intenta evitar la persistencia en soluciones automáticas y basadas en el condicionamiento verbal, que están demostrando su inutilidad.

Otro de los objetivos del tratamiento basado en la ACT es la toma de distancia de los eventos privados, y en su consecución son importantes los ejercicios experienciales.

Con este mismo objetivo cobra relevancia el entrenamiento en Conciencia Plena o Mindfulness, que tiene entidad propia y aplicación en otras terapias de tercera generación como la Terapia Cognitiva con Base en Mindfulness (J. Kabat Zinn; Segal , Williams y Teasdale) o en la Terapia de Conducta Dialéctica (M. Linehan).

La Conciencia Plena significa prestar atención de un modo particular, con un propósito, en el momento presente y sin establecer juicios de valor (Jon Kabat-Zinn).

Llegando a ser conscientes de nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales en un momento concreto y tomando dichos eventos privados como lo que son, “sólo eventos mentales”, podemos responder a las exigencias del entorno con mayor libertad y no de una forma automática.

Otra bonanza del Mindfulness es que nos ayuda a relacionarnos con nuestros eventos mentales de forma diferente a la que estamos acostumbrados, permite identificarlos, aceptarlos sin realizar juicios valorativos y sin colgarnos del contenido.

Un aspecto diferencial de la  ACT es que su eficacia se mide por los logros personales en la dirección de los valores en las distintas áreas relevantes para el paciente y no tanto en la reducción de los síntomas. No espera una disminución rápida del malestar, sino que pone énfasis en el aumento de las actividades de “vivir en base a lo importante” (con la consiguiente reducción de la evitación),  manteniendo durante un tiempo el malestar.

 

Conclusión

La ACT plantea formas alternativas de abordar diferentes desordenes psicológicos y pone en tela de juicio la ideología social de equiparar la felicidad a la ausencia de malestar, por el contrario se centra en el aumento de la tolerancia a la frustración resistiendo las trampas de los contextos verbales (Wilson y Luciano 2002). Todo ello favorece una vida basada en el reforzamiento positivo, en detrimento de la disminución del malestar a corto plazo previniendo la medicalización del sufrimiento.

 

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