Trece nuevas vocaciones hospitalarias

El futuro de la hospitalidad se escribe con esperanza

 

Cada año, HOSPITALARIAS acude a su cita con la esperanza, con el futuro, con la ilusión renovada que se refleja en las miradas de un grupo de mujeres jóvenes. Son las hermanas hospitalarias que, anualmente, se reúnen en Ciempozuelos para realizar el “josefinato”, un tiempo previo a la profesión perpetua. Provienen de sitios distantes y muy distintos. Les une la pasión por su vocación hospitalaria. Este año 2010 vinieron nada menos que trece. Dos vietnamitas y una togolesa no pudieron venir.

 

Ricardo Olmedo
 

 

Desde que HOSPITALARIAS inició su nueva época, ningún año hemos fallado a la cita en la Casa madre de Ciempozuelos. De una forma u otra, siempre nos llegamos hasta allá para conocer a las jóvenes “josefinas”, como se las conoce dentro de la Congregación. Con ellas hablamos largo y tendido sobre su vida y sus deseos de futuro.

Cuando les preguntamos por sus motivos para seguir la vocación hospitalaria, Magdalena Marleny lo tiene claro: “la motivación de mi vida está en la causa de Jesús y ello me ha llevado a responderle a Él cuando me dijo “ven y sígueme”. Eso implicaba salir. Salir de casa, de mi país, de mí misma, de mis afanes y proyectos establecidos… salir para que Jesús entre en mi vida. Y entonces lo descubro en el rostro de cada enfermo, en el de los muchos pobres y marginados que he visto. Recuerdo con cariño los rostros de los primeros enfermos y de las hermanas, que me llenaron de ilusión y fortaleza para responder a la llamada. Vivir con las hermanas ha sido contemplar un gran testimonio de amor, fidelidad, entrega incondicional y fe en Dios”.

 

La ‘locura’ de una opción

Fernanda comenta: “para mí ha sido descubrir a Dios en los enfermos, reconocer la importancia de sus vidas y que ‘reclamaban’ la entrega de mi vida, mi alegría, mi disponibilidad, mi servicio y todo lo que soy para que su dignidad sea reconocida. Entregar mi vida a los enfermos potencia lo que soy como  persona. Yo quiero que la ‘locura’ de mi opción sea un grito dentro de nuestra sociedad a favor de los enfermos. Pensamos que las personas con enfermedad mental no contribuyen socialmente pero yo las he descubierto como grandes educadoras. Por otro lado, creo que he reconocido el valor de la propuesta de Dios para hacer de mi vida una señal de fraternidad en nuestro mundo, viviendo de una manera distinta, viviendo en comunidad, siguiendo a Jesús en su entrega al proyecto del Reino de Dios.

Hortense, por su parte, reconoce que su motivación viene “por la experiencia del amor de Jesús, que me ha seducido tal y como lo cuenta el evangelista Mateo: ‘vende todo lo que tienes y sígueme’. Por eso, con la gracia del Espíritu Santo, apoyada en la oración, he hecho un proceso de discernimiento acompañada por la Congregación para buscar la voluntad de Dios en mi vida”.

Luz María descubrió un día a los enfermos mentales: “estoy aquí para servirlos y ellos me muestran el rostro de Cristo que se manifiesta en los pequeños. Lo dice el padre Menni: ‘los enfermos son vivas imágenes de Jesús’”.

 

Recuerdo con cariño los rostros de los primeros enfermos y de las hermanas, que me llenaron de ilusión y fortaleza para responder a esa llamada. Vivir con las hermanas ha sido comtemplar un gran testimonio de amor, fidelidad, entrega incondicional y fe en Dios

 

Encuentro con el misterio

Sin embargo, Remedios cuenta otra experiencia bien distinta: “cuando era aspirante y conocí la misión de la Congregación negué esa realidad, huí de esa misión. Pero algo misterioso pasó en mí. Ese es el misterio de Dios en mi vida que sólo la fe puede comprender. Ahora estoy muy contenta de encontrar a Jesús en los enfermos y en esa misión”.

Para Elsa, todo fue más natural dentro del contexto que ella vivía en Chile: “durante mi etapa de estudiante de secundaria viví ese encuentro con Jesús. También tuve esa experiencia en mis circunstancias familiares, con los enfermos, en la parroquia donde yo colaboraba. En todas esas realidades descubrí el llamado de Jesús misericordioso a seguirle y servirle por medio de la vida religiosa hospitalaria”.

Todas tienen muy reciente ese momento de decisión vocacional y las consecuencias que trajo en su entorno. Unas recuerdan la posición más bien “fría” de padres y amigos. Otras hablan de incomprensión. Algunas incluso reconocen una clara oposición: “recuerdo la resistencia de mi madre que no entendía necesario tomar una opción que me exigiera un cambio de proyecto vital.  Hoy comprende y acepta mi decisión”, comenta Fernanda. Por su parte, Ida Kpankou señala que “al principio, mi familia no quería porque me tenía que ir lejos, tenía que cambiar de país para formarme. Pero yo no me podía detener en mi empeño. Ahora me siento apoyada por ellos”.

 

Vocación contra viento y marea

Sobre este tema también está la experiencia congoleña de Matondo: “mi vocación no la comprendían porque soy la hija mayor y tenía que cuidar a mis hermanos y contribuir al desarrollo de la familia. Por otro lado, mis parientes al final lo han visto como una bendición de Dios a la que tengo que responder con alegría. Me ayudaron a cumplir con esa respuesta a través de sus oraciones y consejos”.

En el caso de Gina, recuerda cómo su familia “fue muy consciente de mi deseo de servir a Dios a través de mi vocación hospitalaria. Por tanto, no hubo ninguna pega”. Su compañera Remedios, también filipina, tuvo una experiencia parecida: “estoy muy agradecida por la familia que tengo, donde tuvo muy buena acogida mi vocación hospitalaria. Algunos pensaban que cuidar a los enfermos era algo demasiado duro pero, al final, han aceptado mi camino en la vida”.

Sus respuestas están atravesadas por la ilusión. Lógicamente, teniendo en cuenta que hablamos con ellas unos días antes de hacer su profesión perpetua. “La verdad –reconoce la chilena Elsa Góngora- es que deseo ser fiel y feliz como hermana hospitalaria, poder testimoniar la alegría y plenitud de una vida entregada y gastada en servicio de ‘las vivas imágenes de Jesús’, como llamaba el padre Menni a los enfermos”.

 

Hay que manifestar nuestra alegría y la generosidad de nuestra entrega para expresar que la nuestra es una opción válida de felicidad, motivada y garantizada por quien da sentido a nuestra vida y misión

 

Expansión del carisma

“A mí me gustaría que el carisma hospitalario se extienda a muchos lugares, que podamos llegar a tantos enfermos que están a la espera de unas manos y unos corazones abiertos que los amen, acojan y les brinden un servicio de calidad”, dice Luz María. A esto, añade Fernanda: “uno de mis sueños es que muchos jóvenes puedan reconocer a Dios a través de nuestra acción y ese es uno de los trabajos que me encanta, aunque no me pueda dedicar enteramente a él. Llevo ese deseo de hacer llegar a los jóvenes la felicidad que Dios nos propone y de cuánto podemos aprender con los enfermos. Son ellos los que nos hablan de manera desconcertante del ser de Dios y de cómo es necesario muy poco para ser felices”.

Magdalena, peruana, también se siente especialmente vocacionada para trabajar con los jóvenes, “aunque estoy abierta a las necesidades de la misión hospitalaria”. En esta apertura y disponibilidad coinciden todas las entrevistadas. Juliana, de Filipinas, sueña además con una expansión de la hospitalidad: “que el carisma se extienda a Asia –Corea, Indonesia, Hong Kong- y  por África –Kenia, Nigeria, Tanzania-. Ojalá surjan nuevas vocaciones y que yo sea fiel a mi vocación con alegría, día a día, hasta el final”.

 

Un camino, un desafío

Sobre la cuestión vocacional y el interés o no que la vida religiosa tiene para la gente joven, también les preguntamos a las hermanas. Remedios lo tiene claro: “la vocación hospitalaria es un camino tan bueno como cualquier otro para una joven. Hay muchas dificultades y desafíos, pero tenemos que seguir nuestro camino”. “Claro que es un buen camino –apunta Fernanda- de lo contrario no seguiría por él. ¡No me tengo por necia! Para mí es el mejor camino y me gustaría que muchas jóvenes lo pudieran descubrir. El gran desafío es que cada uno descubra su camino, que pueden ser muy diferentes porque hay muchas formas de vida. La vida hospitalaria se basa en valores que no priman en la sociedad. No buscamos una promoción personal ni profesional, no buscamos estabilidad económica, no competimos unas con otras para ver quién se queda con el mejor puesto. Buscamos un mundo más justo y fraterno, donde sean respetadas las diferencias y se valore lo que cada uno tiene de posisitivo para aportar al bien común”.

Magdalena cita la carta de san Pablo a los filipenses: ‘Dios es quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor’. Es decir, Jesús sigue llamando con una vocación personal y, hecha la opción, nos ponemos en camino para descubrir y vivir en libertad”. Juliana comenta que “en mis vivencias como hospitalaria, día a día, descubro la maravilla y la belleza del carisma. La riqueza y la fascinación de seguir a Jesús por el camino de la hospitalidad, según las realidades de lugar y tiempo, es un camino muy bueno para una joven”. Hortense y Gina se unen a esta idea. Y Shiena añade que en Filipinas hay muchas jóvenes que lo que necesitan es ayuda para formarse y discernir.

  

Las respuestas a esas inquietudes van a venir de Dios, porque Él tiene todas las respuestas a nuestros interrogantes. Otra cosa es que nos hacemos los sordos y los ciegos

 

Una opción de felicidad

Precisamente, sobre la situación de la gente joven y su relación con la vida religiosa también preguntamos a este grupo de hermanas. Elsa, con su experiencia chilena, nos cuenta: “por la realidad que conozco en América latina, los jóvenes no responden positivamente. Necesitamos asumir y expresar cambios concretos a nivel de interioridad y fraternidad, desacomodarnos para revitalizar nuestro testimonio, hacerlo atrayente, convincente, mostrando el rostro cercano y amable de Dios. Hay que manifestar nuestra alegría y la generosidad de nuestra entrega para expresar que las nuestra es una opción válida de felicidad, motivada y garantizada por quien da sentido a nuestra vida y misión”.

“Yo, sin embargo, creo que hay muchas jóvenes que están en búsqueda de respuestas profundas –señala Luz María-. Estamos viviendo lo que decía san Agustín: ‘Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti’. Lo que sucede es que hay que buscar modos nuevos de acercarse a los jóvenes. Las respuestas a esas inquietudes van a venir de Dios porque Él tiene todas las respuestas a nuestros interrogantes. Otra cosa es que nos hacemos los sordos y los ciegos. Aún así, en Europa se vive una cultura de lo inmediato, de lo superfluo, de lo placentero. Y eso no ayuda. También es verdad que las familias no son tan numerosas como antes”.

 

Indiferencia ante la realidad

“Yo percibo en Europa poca disponibilidad de la gente joven para pensar en su vocación”, señala la congoleña Hortense. A lo que añade Fernanda: “en el viejo continente somos más individualistas y no nos dejamos afectar por el sufrimiento de los demás, de los que están a nuestro lado. También nos estamos acostumbrando a las desgracias que vemos en los medios de comunicación y esto nos hace crecer en la indiferencia, no nos ayuda a plantearnos cosas frente a esos problemas. También es verdad que los valores que vivimos en nuestra familia son determinantes en nuestra forma de plantearnos la realidad. Socialmente, sabemos que muchos creyentes no somos bien mirados simplemente por el hecho de serlo. La teología de la cruz molesta porque implica morir a muchos gustos, tendencias y deseos personales para que otros puedan tener vida. Por otro lado, el deseo de encontrar respuestas habita en todos nosotros. A veces no sabemos cómo buscarlo o nos engañamos en el camino de búsqueda. Independientemente de la vocación que Dios nos regala a cada uno, hay que descubrir ese Dios-amor que potencia aquello que somos y que no nos hace esclavos, ni nos limita, ni nos cohíbe, ni condiciona. Muchas veces tenemos la idea de un Dios de las prohibiciones sin descubrir la grandeza de su amor y de todo cuanto nos da”.

 

Ser fuego de vida

En esta tesitura vital y religiosa que debatimos, Magdalena se suma al debate: “en todos hay un impulso grande y hondo de búsqueda de la felicidad. Dios siempre toma la iniciativa. Creo que cuando uno se detiene para formularse cuestiones profundas hay que preguntarse también qué tiene que ver Dios conmigo y cuál es su proyecto sobre mí. Los valores o contravalores están ahí, retando a la persona, a su conciencia, su libertad y su responsabilidad. Cada uno se encuentra con el bien y/o el mal, y es allí donde hace sus propias opciones. Bien es cierto que en nuestra sociedad el valor de lo religioso no está de moda a lo que se une que muchas instituciones están en crisis y los cambios sociales las están afectando. Por eso se tambalean muchas decisiones y opciones. Pero el que existan pocas personas dispuestas no puede ser un obstáculo para ser fuego de vida allá donde nos encontremos”.

Hay que recordar que hay más de un millón de desplazados internos y día a día esta cifra aumenta producto de la violencia política asociada al conflicto armado interno. Los desplazados internos lo pierden todo, abandonan sus hogares, bienes y medios de vida y están en constante peligro, ya sea de ser objeto de represalias o que un nuevo brote de violencia haga necesario desplazarse nuevamente.

 

UN TIEMPO ESPECIAL

Dentro de la Congregación se conoce como josefinato al periodo de tiempo previo a la profesión perpetua en el que las hermanas de las distintas provincias se reúnen en Ciempozuelos. Aquí se cuidan de forma especial los siguientes aspectos:

  • El encuentro con los lugares y experiencias fundacionales: el  contacto con los orígenes de la Congregación y la visita a otros  lugares como Granada.

  • La realización de los ejercicios espirituales de mes.

  • El carácter interprovincial del josefinato requiere el aprendizaje del español como lengua madre de la Congregación, tiempo para la adaptación al nuevo ambiente, integración personal e intercultural y un equipo de hermanas que sea expresión de la universalidad de la Congregación.

  • También se facilita la experiencia de un acompañamiento personal y una experiencia de servicio en algún centro de la Congregación.

 LAS JOSEFINAS DE 2010

Prov. de Portugal

Maria Fernanda M. Oliveira (Portugal)


Prov. de Italia

Gina D. Gaid (Filipinas)

Juliana Pedro (Filipinas)

Remedios Padecio (Filipinas)

Shiena Figuración (Filipinas)


Prov. de Inglaterra

Colette Banka (Togo)


Prov. de Francia

Ida Kpankou (Togo)

Hortense Limbongo (R.D. Congo)

Fulgence Mvunzi (R.D. Congo)

Matondo Biniakunu (R.D. Congo)


Prov. de Colombia

Luz María Vásquez (Perú)

Magdalena Mejia (Perú)


Vice-Prov. de Argentina

Elsa Susana Góngora (Chile)


Delegación Vietnam

María Nguyen Thi Mong Diep

Catarina Nguyen Thi Thanh Minh.

 

 

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